Quibdo y tumaco protegen la niñez en paz

Pollos del campo – Lluvia de bendiciones

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“Me llamo María , nací en Río Quito a orillas del río el Atrato en el Chocó hace 29 años. Mi familia la componen mis cuatro niños de once, nueve, siete y cinco años, mi esposo y yo.  Vivimos en Calle Quibdó, una zona rural ubicada al otro lado del río Atrato en Quibdó.  Cuando tenía seis años, mi mamá tenía muchas necesidades económicas y como yo era la única mujer, me entregó a una pareja en Quibdó y fui a trabajar para ellos en los oficios de su casa . A los 13 años conocí a mi esposo y vine a vivir a este lugar.

Calle Quibdó es ya un barrio del municipio, donde hay conflicto y muchas necesidades.  El agua potable es lo que más nos hace falta por aquí, recogemos agua lluvia para cocinar, para bañarnos, pero por ejemplo por estos días no ha llovido, así que nos toca recoger agua del río que no es muy limpia o comprarla en bolsas. Nos faltan otros servicios públicos como el alcantarillado, eso hace que las personas tengan que botar todos sus desperdicios al río.  La violencia en este barrio afecta principalmente a los jóvenes, que se meten en problemas en enfrentamientos con las bandas y le infunden miedo a la población. La mayoría de familias han venido desplazadas de más arriba del río, buscando oportunidades cerca de la ciudad. 

Nuestros hijos van a la escuela que queda en el barrio El Reposo, que es una zona urbana donde se puede llegar a pie desde acá.  Aunque aquí hay escuela, la escuela de Calle Quibdó tiene muchos problemas, porque cuando el río sube las profesoras no pueden cruzar y no hay clase; todo se inunda y se suspenden las actividades, entonces los niños pierden muchas clases durante el año.  Mis vecinas y yo preferimos llevarlos hasta El Reposo.

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Hace un año tuve un sueño, soñé que estaba con mis vecinas y teníamos muchos pollos corriendo alrededor de nuestras casas.  Después de contarles mi sueño, empezamos a pensar en la idea de criar pollos para ganar dinero y sostener a nuestras familias. Actualmente, con lo que nuestros esposos ganan en trabajos informales  no nos alcanza para la comida, el transporte, la ropa, los uniformes de los niños y las demás cosas para vivir. Estar al otro lado del río significa tener que pagar una lancha para cruzar, si necesitamos algo o debemos hacer una diligencia. 

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Una tarde, estábamos sentadas con mis vecinas conversando sobre cómo organizarnos para madurar nuestra idea y pasaron unas personas de Aldeas invitándonos a participar en la convocatoria de los proyectos. En ese momento también habíamos hablado de vender artesanías, montar una farmacia o la cría de los pollos.  Ya con este ofrecimiento, decidimos escribir sobre el sueño de los pollos, nos imaginamos vendiendo los pollos, usándolos para preparar pasteles y trabajando para nuestras familias.  Así empezó lo que hoy ya es una realidad.  Después de entregado el proyecto, vinieron a avisarnos y entregarnos la carta donde decía que nos habíamos ganado el apoyo y esto nos llenó el corazón de alegría y de orgullo, porque demostramos que si podemos y que somos unas mujeres emprendedoras.

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Somos 9 mujeres las que lideramos el grupo y nuestros esposos nos ayudan. Ya vino el veterinario con la ingeniera ambiental y nuestra líder de Aldeas y nos explicaron todo lo que debemos hacer para criar los pollos y sacarlos adelante.  Hace dos días llegaron los 164 pollitos que debemos cuidar, ya están en el galpón que construyeron nuestros esposos. Tenemos turnos para cuidar su limpieza, desinfectar el galpón, estar pendientes del alimento, de la temperatura y del agua.  Dentro de 21 días llegará el otro lote de pollos de engorde y los primeros ya estarán más grandes.  

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Hemos llamado a nuestro proyecto Pollos del Campo, Lluvia de Bendiciones, pues creemos que todas estas oportunidades son bendiciones para nuestros niños y nuestras familias.
 
Estamos agradecidos con Aldeas Infantiles SOS y los donantes de Europa porque realmente están cambiando nuestras vidas, las de nuestros niños y las de nuestras comunidades.  Cada vez que viene la lancha de los de Aldeas, los niños corren avisándoles a todos que se alisten porque ya va a empezar la diversión.  Los jóvenes tienen un grupo de música con el proyecto y ellos están muy contentos de poder realizar otras actividades y alejarse del mal camino.   En nombre de Rosi, Jainy, Milena, Jeison y todos los niños de esta zona de Colombia, les damos las gracias por creer en nosotros y acompañarnos en hacer realidad nuestros sueños.

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