Aldeas Ríonegro trabaja con niños y niñas vulnerados.
Aldeas Ríonegro – 22 abril 2013

Aldeas Ríonegro trabaja con niños y niñas vulnerados.

La Organización Internacional Aldeas Infantiles SOS busca arrebatar a niños de la violencia.

Doralba Valencia decidió no tener hijos, pero hace siete años es la mamá de nueve chicos que perdieron a sus padres en el conflicto o que no tienen un núcleo familiar que les garantice su desarrollo integral.

En las mañanas, cuando todos se van a estudiar a diferentes colegios , hace aseo de la casa –aunque sus ‘hijos’ dejen todo ordenado– y prepara los alimentos, con la compañía de la música de un radio.

Felipe* es el primero en llegar. Abraza a Doralba y le cuenta cómo le fue. Ya es medio día y los huéspedes de la casa están en el comedor. Hablan de la jornada, de las tareas pendientes. Mariana* le pide permiso a su ‘mamá’ para ir a entrenar baloncesto.

“Mi exjefe vivió en la Aldea de Bogotá y fue quien me habló del programa. Esto es de vocación. Poco a poco –gracias a la capacitación que no dan los sicólogos–, uno empieza a sanarles las heridas que traen. El afecto es lo que más ayuda a transformarlos, respetando la individualidad de cada uno, como en cualquier familia”, dice esta madre SOS.

Ella es la cabeza de una de las 12 familias que hace parte de la Aldea Infantil SOS, una especie de conjunto residencial ubicado en Rionegro (Oriente). Es la única en Antioquia que tiene la organización internacional que lleva el mismo nombre.

Cielo Muñoz, asesora familiar del programa, afirma que esta Aldea fue construida en 1997 cuando el conflicto en el Oriente generó casos de orfandad y abandono.
Agrega que los 109 niños y jóvenes que albergan, bajo un modelo familiar, reciben atención integral en nutrición, salud, educación y recreación, con el objetivo de que adquieran habilidades y construyan su propio proyecto de vida.

“A finales de los noventa recibimos dos niños de 5 y 7 años que presenciaron el asesinato de sus padres en una comuna de Medellín. Se licenciaron en recreación, están casados y ahora son los que dirigen nuestras olimpiadas deportivas anuales”, agrega Muñoz.

Cuando terminan el bachillerato, los jóvenes entran a un segundo ciclo: la comunidad juvenil, formada por 27 chicos. Viven en la ciudad y les suministra los recursos para la universidad y el sostenimiento. Solo pierden la ayuda si abandonan las clases.
Otra de las ‘hijas’ de Doralba es Melisa*. Llegó a casa cuando tenía 7 años. Está en décimo y sueña con ser odontóloga. En las tardes va a talleres de manualidades. Resalta la posibilidad que tiene de interacturar con más gente y el afecto que siente por sus ‘hermanos’.

Cada Aldea tiene un presupuesto y al final de cada mes las ‘madres’ presentan informe contable. Los ‘hijos’ se compran su propia ropa y dan sugerencias sobre qué comprar para la casa. Los fines de semana salen a comer algo o de paseo.
De la casa de Doralba ya se han ido dos jóvenes que están en la universidad. Ella reconoce que siente un vacío, pero la alegra verlos salir “a buscar sus sueños”.

Este programa ya tiene 15 egresados. Todos ya formaron sus propias familias, pero en fechas especiales, como Día de Madres y Navidad, no dejan de visitar el nido donde aprendieron a volar.

Un modelo filial de 64 años

En el mundo existen 473 Aldeas Infantiles SOS. Esta organización internacional tiene 1.424 instalaciones, entre residencias juveniles, colegios y hospitales en 132 países. Atiende 450.000 niños y jóvenes.

Fue fundada en 1949 por el austríaco Hermann Gmeiner, para acoger a algunos de los miles de huérfanos que dejó la Segunda Guerra Mundial. El programa se implementó en Colombia en 1969, donde hoy existen siete Aldeas SOS, colegio y escuela, 10 centros sociales y siete centros comunitarios distribuidos en nueve departamentos.

Se financian con responsabilidad social empresarial, también le atienden algunos niños al ICBF y ahora motivan a personas naturales que quieran ayudar con un aporte mensual de 20.000 pesos.

*Nombres cambiados para proteger la identidad de los menores de edad.
Noticia tomada de Eltiempo.com