Sin familias no hay paz
Sin familias no hay paz – 27. abril 2015

Sin familias no hay paz

La familia, como todos lo sabemos, es el primer nicho de socialización de los niños y niñas. Allí es donde aprendemos la forma de comportarnos, de hablar, de amar, de dialogar y de pelear. Los niños y las niñas copian los comportamientos de los adultos: los niños ven, niños hacen.

Las estadísticas señalan que en nuestro país los conflictos que se presentan al interior de la familia, superan más de 250 casos diarios, pues en la familia hay problemas de celos, conflictos, ofensas, malas reacciones y actitudes violentas. Estos comportamientos tienen un impacto en la sociedad, incluso en el jardín infantil de los niños, como se vio al inicio de este artículo.

¿Cómo se logró cambiar el comportamiento de este pequeño de tan solo cuatro años? Cambiar los comportamientos aprendidos de los primeros “héroes” de los niños y de las niñas, es un trabajo pedagógico que debe comenzar por reconocer al niño como “líder” de su propia vida, como sujeto de derechos, frente a sí mismo y los otros miembros de la familia, enseñándole el valor de la paz, la tranquilidad, el respeto y el amor. Es importante que las familias reflexionen sobre la importancia de que el hogar sea un lugar seguro y de paz en donde se deben buscar soluciones y aprender a hablar de los conflictos, para resolverlos con dialogo y compromiso.
Lamentablemente nuestro país tiene muchos ejemplos de violencia al interior de la familia que impactan de manera negativa la vida de nuestros niños, niñas y adolescentes, para comenzar, Medicina Legal señala que cada nueve horas un menor de edad es asesinado en Colombia, cada 30 minutos uno acude a por ser víctima de agresión sexual y cada 60 minutos un niño o adolescente es sometido a un examen por violencia intrafamiliar.
 
Este tipo de violencia proviene en más del 70% de los casos de familiares de las mismas víctimas, según lo ha señalado el mismo Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Como consecuencia de esta realidad, el 100% de los adolescentes que para el año 2007 violaron la ley penal en el país señalan haber sido víctima de violencia al interior de su familia y el 76% de ellos tuvo algún tipo de abuso sexual[1].
 
Aunque no hay datos actualizados de niños, niñas y adolescentes, calcula que más de 80 mil están recibiendo apoyo del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar por haber sido vulnerados en sus derechos, la mayoría de niños, niñas y adolescentes víctimas de explotación sexual comercial -ESCNNA-  han sufrido violencia intrafamiliar, violencia sexual en el seno de su familia.[2] Un estudio realizado con 500 agresores condenados por haber violado a mujeres, niños o niñas, señala que el 100% de estos no tuvieron un ambiente protector en su familia[3].

Sin familias no hay paz

Democracia familiar: ruta para construir la paz


En Aldeas Infantiles SOS promovemos que las familias sean “entornos protectores”, entiendo este concepto como el ambiente que garantiza los derechos de todos los niños, niñas y permite su desarrollo.[4] Las familias son el entorno por excelencia donde los niños, niñas, adolescentes y jóvenes deben ser protegidos y cuidados. No es lo mismo crecer en una familia protectora que vivir en un contexto donde hay amenaza, malos tratos y miedo.

La mejor estrategia para crear la paz es crear una cultura de dialogo y esta no puede existir sin que se posibilite a las familias su participación de manera democrática. Detalles como el de Juvenal Urbino, en la obra de Garcia Márquez, muestran que existen actitudes o comportamientos que complacen a unos pero no a otros al interior de una familia.

La democracia familiar, parte del reconocimiento y participación de todos y cada uno de los miembros de la familia. Las reglas de oro que deben acompañar esta construcción, son simples; nadie grita, nadie descalifica ni impone, todos somos capaces de hacer acuerdos y de cumplirlos. Esto evita el conflicto, pues cuando ya existen reglas claras acordadas con cabeza fría, se cuenta con un marco de acción que pone normas y límites que fueron por todos concertados y por tanto a todos compromete.

Esta democracia familiar, va entonces a marcar un derrotero para la vida diaria de cada uno de sus miembros, señalando la forma de construir una sociedad en paz.

Casos exitosos tenemos muchos: un adolescente que fue llevado a una familia de acogida, a los 11 años, provenía de una familia y de una comunidad en donde las “cosas se arreglaban a los golpes” y él también, producto de lo que aprendió, las arreglaba así. La sorpresa para él fue llegar al seno de una familia en donde no había violencia, y dónde las situaciones se arreglaban hablando. Aunque para él esto fue tan sorprendente como desconocido, aprendió del ejemplo y hoy es un adulto que promueve la paz. Este “pequeño lugar”, en donde se desarrolla la vida del niño y de la niña, es capaz de ser la semilla de un país en paz.

Las familias que han sido víctimas de situaciones violentas, que han vivido desplazamiento, separación forzosa de algunos de sus miembros, o muerte de sus seres queridos; requieren de apoyos para poder superar la situación y reconstruirse.  Muchas familias se encuentran con el dilema de redefinirse en el marco del conflicto, por lo que se hace necesario desarrollar servicios de apoyo para ellas.  Será imposible construir paz en el país si las familias no reciben las ayudas necesarias, tanto aquellas que han sufrido la violencia, como aquellas que reproducen en su interior las condiciones amenazantes de su contexto.

Para avanzar hacia la paz, situemos la mirada en la infancia y la adolescencia, y en sus familias. Es un momento clave para que reconozcamos que todos y todas tenemos la obligación de fomentar contextos pacíficos, y el derecho a tener un país en donde la paz se vive en todos los escenarios de la vida.


[1] Pescadores de Ilusiones, Instituto de Estudios del Ministerio Público, Bogotá, marzo de 2007
 

[2] Escenarios de la infamia, Explotación sexual de niños, niñas y adolescentes. Fundación Antonio Restrepo Barco, Fundación Renacer, Fundación Plan, Bogotá, diciembre de 2006, pág.14.
 

[3] Instituto de Estudios del Ministerio Público, Dígame por qué? Bogotá, junio de 2012

[4] ALDEAS INFANTILES SOS COLOMBIA, Fundamentos Pedagógicos, pag, 18.