El saber experto de las familias de acogida
mayo 29 2026

El saber experto de las familias de acogida

Nury descubrió que la mejor manera de conectar con los niños y niñas que llegan a su hogar es a través del tejido. No lo leyó en ningún manual. Lo fue descubriendo en la cotidianidad, prestando atención a lo que cada niño y niña necesitaba. Lleva años en esto y hoy dice algo que yo he escuchado repetirse, con distintas palabras, en casi todas las familias de acogida que conozco: “lo más importante es construir vínculos”.

Es claro para todas estas familias que los vínculos permiten a los niños o la niñas recuperar la confianza y la estabilidad emocional, además de resignificar las experiencias de violencia y/o abandono. Esto genera transformación. Más allá de cubrir las necesidades básicas de los niños y niñas, lo esencial es ofrecer un espacio afectivo donde se sientan vistos, escuchados y validados, lo que les permite sanar, desarrollarse y prepararse para sus siguientes etapas de vida.

Nancy también lo sabe. Lleva más de quince años acogiendo niños y niñas, varios de ellos en condición de discapacidad. Su esposo y sus hijos biológicos son parte de esa labor. Cuando le preguntan si ha valido la pena, responde sin titubear: "Acoger en mi hogar a niños, niñas y adolescentes es lo mejor que me ha podido suceder."

Yo llevo años acompañando familias como la de Nury y Nancy, y lo que me ha enseñado este trabajo es que el saber que ellas tienen no es fruto del azar, es una construcción que se ha formado con tiempo y esfuerzo. En Aldeas Infantiles lanzamos la campaña “No eres mi sangre, pero eres mi familia” precisamente para visibilizar lo que hacen familias como las de Nury y Nancy: vínculos construidos por elección, por presencia y por cuidado sostenido, que son tan reales y transformadores como cualquier lazo biológico. Y detrás de esos vínculos hay un saber profundo que merece ser reconocido.

¿Qué saben las familias de acogida que no está en ningún protocolo?

Saben cuándo un silencio no es tranquilidad sino miedo. Saben que una rabia intensa puede ser la única manera que un niño o niña conoce de decir que necesita ayuda o la forma en que expresa su desconfianza hacía los adultos por las experiencias dolorosas que ha vivido en su pasado. Saben que a veces el tejido, el juego o preparar juntos la comida dicen cosas que las palabras todavía no pueden.

Ever Hernán  y su esposa Claudia han abierto su hogar en Túquerres, Nariño, a diferentes niños y niñas a lo largo de los años. Cada uno les ha dejado algo. Amparo, por su lado, guarda con emoción el recuerdo de quienes la llamaron mamá de manera temporal. "Ser una mamá de acogida es construir un vínculo de amor y cuidado que perdura para siempre", dice.

Una familia de acogida no es la que “conecta” de inmediato, sino la que se queda, escucha y responde con sensibilidad. Es aquella que ofrece presencia estable, que aprende a leer las señales del niño o niña, que sostiene incluso cuando el vínculo se pone a prueba y que entiende que cuidar también se aprende. El vínculo se fortalece cuando hay intención, herramientas y acompañamiento; pero sobre todo, cuando la familia no está sola, sino respaldada, acompañada y cuidada para que pueda cuidar. Garantizar ese acompañamiento y el cuidado de esas familias es una de las responsabilidades más importantes que tenemos en Aldeas Infantiles.

¿Cómo acompañamos ese proceso?

Ninguna familia de acogida debería enfrentar sola lo que implica cuidar a un niño o niña que ha vivido trauma, separación o violencia. Por eso el acompañamiento que ofrecemos no termina el día que las niñas y/o niños llegan al hogar. Incluye apoyo continuo de psicólogos, trabajadores sociales, nutricionistas y pedagogos durante todo el proceso.

Soy consciente de lo importante que es que las familias tengan apoyo cuando lo necesitan, no solo al principio sino a lo largo de todo el proceso. El cuidado de un niño o niña que ha vivido separación o violencia no es estático, cambia con el tiempo, con la edad, con cada nueva etapa. Lo que funcionó en las primeras semanas puede no ser suficiente unos meses después. Por eso la formación continua de los cuidadores no es opcional: es un estándar en Aldeas Infantiles SOS.

Las familias son sistemas vivos, en constante movimiento, que se transforman con cada cambio que atraviesan. En el caso de las familias de acogida, esta dinámica es aún más intensa: abrir las puertas a un niño o una niña, integrarlo/a con amor y luego acompañar su partida, cuando sus derechos han sido restablecidos y su familia de origen está preparada, implica pequeñas crisis y recomposiciones que ponen a prueba la capacidad de adaptación y cuidado de cada una de estas familias. Lejos de ser una fragilidad, esta capacidad de rehacerse una y otra vez refleja una entrega profundamente generosa y valiente. Sin embargo, este camino no debe recorrerse en soledad. Requiere escucha, acompañamiento y contención permanente. Por eso, en Aldeas Infantiles, asumimos con compromiso la labor de estar al lado de cada familia de acogida, acompañándolas para fortalecer sus procesos y reconociendo que, al sostenerlas, también estamos cuidando a cada niño y niña que pasa por sus vidas.

Y hay algo más que hemos aprendido con los años, las familias que llevan más tiempo en este camino saben cosas que no están escritas en ningún manual. Cómo manejar una crisis a las once de la noche, cómo hablarle a un niño de su familia de origen y ayudar en ese proceso a resignificar sus vivencias traumáticas, cómo mantener una actitud e intención constantes que nutran y fortalezcan el vínculo, incluso cuando el proceso parece más complejo. Esa experiencia es demasiado valiosa para quedarse guardada. Por eso la documentamos y la ponemos al servicio de quienes están comenzando.

¿Qué pasa cuando las familias deciden cuidar juntas?

En Magangué, un grupo de mujeres que acogen niños y niñas en sus familias llegaron a una conclusión sencilla y poderosa. Nadie debería cuidar sola o solo. Así nació la Red Comunitaria de Protección, un espacio donde se distribuyen las responsabilidades, se comparten los aprendizajes y se sostienen mutuamente cuando el camino se complica.

Lo que construyeron estas mujeres encarna exactamente el espíritu de la campaña No eres mi sangre, pero eres mi familia: la convicción de que el cuidado no es un asunto privado sino colectivo, y de que los vínculos que protegen a la niñez se tejen entre muchas manos. Es un modelo que Aldeas Infantiles ha acompañado y que buscamos replicar en los otros territorios donde trabajamos, porque la protección de la niñez no descansa únicamente en las familias, descansa en las comunidades que deciden organizarse a su alrededor.

¿Cuál es el horizonte que nos hemos trazado?

Hoy, desde Aldeas Infantiles SOS, acompañamos a 716 niños, niñas y adolescentes en 243 familias de acogida. Nuestra meta para 2030 es llegar a 2.000 niños y niñas asegurando estándares de alta calidad, que ha sido uno de nuestros principales propósitos y por lo que trabajamos fuertemente. Pero esa cifra solo tiene sentido si detrás hay familias bien formadas, bien acompañadas y reconocidas por lo que hacen.

Por eso la campaña No eres mi sangre, pero eres mi familia nos representa tan bien. Porque lo que construyen Nancy, Nury, Amparo, Ever Hernán y cientos de familias en todo el país es exactamente eso: la decisión de acompañar y sostener los vínculos de manera incondicional. Eso no siempre se puede poner en palabras, está más allá de cualquier definición formal, pero transforma vidas. Acompañarlo bien, con calidad y con compromiso, es lo que nos mueve todos los días.

Conoce aquí más sobre las familias de acogida y la campaña No eres mi sangre, pero eres mi familia