septiembre 25 2026

Hablemos de Responsabilidad Empresarial en Colombia y cómo implementarla

La Responsabilidad Social Empresarial, empieza, cuando una empresa entiende que no opera de manera aislada en la sociedad, sino dentro de un territorio y en relación permanente con las personas, comunidades y organizaciones que hacen posible su actividad económica.

Hablar de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) sigue siendo relevante porque las empresas no existen únicamente dentro de sus oficinas, plantas, puntos de venta o estados financieros. Cada decisión empresarial se relaciona, de una u otra manera, con colaboradores, proveedores, clientes, comunidades, instituciones, recursos naturales y territorios.

Una empresa puede generar empleo, dinamizar una economía local con alcance a sus proveedores, abrir oportunidades de empleo o inclusive mejorar las condiciones laborales de sus empleados actuales por su demanda, pero al mismo tiempo producir residuos, aumentar la capacidad sobre determinados recursos naturales, transformar dinámicas comunitarias o generar nuevas dinámicas que afectan la capacidad local. En otras palabras, toda actividad empresarial genera impactos, positivos y negativos, incluso cuando la empresa no ha desarrollado formalmente una estrategia de RSE,

Por eso, la pregunta ya no debería ser únicamente si una compañía “hace Responsabilidad Social Empresarial”, sino qué impactos produce con su operación, sobre quiénes los produce y qué está haciendo para gestionarlos responsablemente.

Esta mirada es especialmente relevante en un país como Colombia, donde los contextos sociales, ambientales, económicos y culturales pueden cambiar significativamente entre territorios, eso lo reafirmamos todos los días desde Aldeas Infantiles en las zonas en donde nuestra operación se hace supremamente importante y relevante a nivel social y comunitario.

Durante años, la responsabilidad social empresarial estuvo asociada principalmente con donaciones, voluntariados, campañas ocasionales o apoyo a causas sociales. Todas estas acciones pueden tener valor, pero la RSE es mucho más amplia que la filantropía y es por eso que hace mucho tiempo la RSE no es solamente donar, y no menos importante, es para todas las empresas sin importar su tamaño y a tamaño nos referimos con el nivel de ingresos por actividades ordinarias anuales (ventas brutas).

¿Qué preguntarse como empresa, antes de decidir qué causa apoyar?

Antes de preguntarse “¿Qué causa queremos apoyar?”, una organización debería hacerse otras preguntas.

¿Qué hacemos? ¿Cómo lo hacemos? ¿Dónde operamos? ¿Qué recursos utilizamos? ¿A quiénes contratamos? ¿A quiénes compramos? ¿Qué comunidades conviven con nuestra operación? ¿Qué efectos positivos producimos? ¿Qué tensiones o impactos negativos podríamos estar generando?

El territorio no debería entenderse solamente como el municipio donde aparece registrada una sede, donde está la sede principal o donde hay una operación grande. Es todo el sistema de relaciones en el que la empresa desarrolla su actividad. Por eso, una misma empresa puede necesitar estrategias diferentes para distintos lugares. Las prioridades de una operación industrial, una empresa agrícola, un restaurante, una cadena comercial o una compañía tecnológica no son iguales, y tampoco lo serán las necesidades de Bogotá, La Guajira, Chocó, Antioquia o una zona rural del país.

Es por ello, que el Ministerio de Ambiente ha reforzado esta perspectiva territorial al vincular actividad productiva, impactos sociales y ambientales, economías locales y conocimiento del territorio dentro de su enfoque de negocios verdes y sostenibles. Es clave la articulación con el lineamiento gubernamental, local y corporativo.

Implementar RSE: intención, recepción, escucha y realidad.

Tener la intención de contribuir es importante. Pero una buena intención no garantiza, por sí sola, que una iniciativa responda a una necesidad real. Implementar responsabilidad social no es solamente intención; también es recepción y escucha.

Una empresa puede llegar a un territorio convencida de que necesita financiar determinada actividad y descubrir, al hablar con la comunidad, que la prioridad es otra. Puede querer entregar productos cuando la principal barrera es acceso a oportunidades. Puede desarrollar una capacitación que nadie necesita o implementar una iniciativa ambiental, sin que haya daño ambiental.

La escucha no elimina el conocimiento ni las capacidades de la empresa, solo las orienta.

Es por eso, que creemos, la RSE puede tangibilizarse así:

  • Comprender el negocio y su propósito: Antes de diseñar programas sociales, hay que entender dónde genera valor la empresa, cuáles son sus capacidades reales, qué recursos posee y qué conocimientos puede movilizar. Una estrategia coherente suele tener alguna conexión con el negocio, aunque no necesariamente debe limitarse a él.
  • Identificar dónde se opera y cuáles son sus zonas de impacto: No solamente dónde están las oficinas, sino dónde están los trabajadores, proveedores, cadenas logísticas, clientes, recursos utilizados y comunidades relacionadas con la operación.
  • Reconocer con claridad y precisión los impactos positivos y negativos: Generar empleo es un impacto positivo, pero no invalida la necesidad de revisar consumo de agua, residuos, condiciones laborales, emisiones, movilidad, prácticas de contratación o impactos sobre comunidades. Gestionar responsablemente significa mirar ambos lados.
  • Comprender el territorio antes de intervenirlo: Revisar información existente, conversar con actores locales y reconocer las capacidades que ya existen. Una empresa no siempre necesita crear una solución nueva; muchas veces puede fortalecer procesos que ya funcionan y tiene actores locales involucrados.
  • Identificar y escuchar a los grupos de interés: Colaboradores, clientes, proveedores, comunidades, autoridades, organizaciones sociales, academia, gremios y otros actores pueden aportar perspectivas distintas.
  • Definir dónde la empresa realmente puede aportar y como: No todas las organizaciones deben trabajar todos los temas sociales o ambientales. Una buena estrategia prioriza los asuntos donde coinciden una necesidad relevante, un impacto y una capacidad real y sostenida de respuesta.
  • Convertir las iniciativas en acciones medibles y sostenibles: Definir objetivos, población o territorio relacionado, indicadores, responsables, aliados socuales, recursos y horizontes de tiempo.
  • Evaluar, escuchar nuevamente y ajustar: Una estrategia responsable no debería permanecer intacta únicamente porque fue diseñada en un tiempo determinado. Si el contexto cambia, los aprendizajes aparecen o los grupos de interés señalan nuevas necesidades, la intervención también debe cambiar, inclusive con una organización social que tenga toda la expertica para una mejor ejecución y resultados.

Esta lógica coincide con la evolución que se observa en el marco colombiano de sostenibilidad empresarial: la Superintendencia de Sociedades plantea que evaluar y medir el impacto generado por la gestión empresarial es relevante para el desarrollo socioeconómico y relaciona esa evaluación con dimensiones ambientales, sociales, de gobernanza, económicas y financieras.

Las alianzas: Son alianzas porque no se trata de hacerlo todo solos

Uno de los errores frecuentes en RSE es asumir que una empresa debe convertirse en experta en todas las problemáticas que quiere abordar. No debería ser así.

Una empresa puede conocer profundamente su negocio y, al mismo tiempo, no tener experiencia en protección de la niñez, educación, empleabilidad juvenil, seguridad alimentaria, conservación de ecosistemas, desarrollo comunitario o atención de emergencias.

Es allí donde las alianzas cobran valor. Una buena alianza conecta capacidades diferentes alrededor de un propósito compartido. La empresa puede aportar financiación, conocimiento técnico, oportunidades de empleo, canales de comunicación, infraestructura o voluntariado profesional. Una organización social puede aportar el capital técnico y humano, las metodologías, la población a impactar, y experiencia territorial. La academia puede contribuir con evidencia y evaluación. Las instituciones públicas pueden ayudar a conectar las acciones con prioridades territoriales y a sumar desarrollo.

La pregunta, entonces, deja de ser “¿qué podemos entregar?” y pasa a ser “¿qué podemos construir junto con quienes conocen esta realidad?”.

Ese cambio parece pequeño, pero transforma una acción aislada en una relación estratégica de largo plazo.

¿Si la RSE no es obligatoria en Colombia, porque pensar en la RSE como algo clave para el negocio?

La responsabilidad social empresarial, entendida como una estrategia, no equivale a una obligación legal general que exija a todas las empresas colombianas tener un programa de RSE. Eso tampoco significa que la responsabilidad empresarial reemplace el cumplimiento de la ley. Por el contrario, el cumplimiento de las obligaciones laborales, ambientales, tributarias, societarias, de protección al consumidor y demás normas aplicables es el punto de partida.

Colombia sí cuenta, además, con instrumentos específicos. La Ley 1901 de 2018 creó las Sociedades Comerciales de Beneficio e Interés Colectivo (BIC), condición que una sociedad comercial puede adoptar voluntariamente para incorporar propósitos de beneficio colectivo y ambiental dentro de su actividad empresarial. El régimen fue reglamentado mediante el Decreto 2046 de 2019.

Por otra parte, la Superintendencia de Sociedades incorporó en 2023 el Capítulo XV de su Circular Básica Jurídica sobre reportes de sostenibilidad y actualmente mantiene requerimientos de información no financiera para determinadas entidades empresariales. Es importante no generalizar esta obligación: el ámbito de aplicación depende, entre otros criterios, de la supervisión, tamaño y sector de la compañía.

En otras palabras: cumplir la ley y desarrollar RSE no son sinónimos. Cumplir es el mínimo y lo que hay que hacer; la responsabilidad empresarial implica preguntarse, además, cómo gestionar los impactos que genera el negocio.

Ahí comienza una responsabilidad social empresarial capaz de conectar propósito, con la sostenibilidad del propio negocio.