septiembre 23 2026

Plan Nacional de Desarrollo: una oportunidad para construir hoy el futuro de la niñez en Colombia

Cada cuatro años, Colombia tiene la oportunidad de imaginar el país que quiere construir y convertir esa visión en decisiones concretas. Hoy estamos ante uno de esos momentos. Mientras se formula el nuevo Plan Nacional de Desarrollo, podemos mirar hacia adelante y preguntarnos qué país queremos dejarles a los niños, niñas y adolescentes: un país donde puedan crecer protegidos, rodeados de familias y entornos que los cuiden, donde sus derechos se garanticen y encuentren oportunidades para desarrollar su proyecto de vida.

 

Las decisiones que tomamos hoy son clave para hacer posible ese futuro.

 

El Plan Nacional de Desarrollo es mucho más que un documento de planeación. Es la hoja de ruta que define las prioridades del país para los próximos cuatro años y las conecta con metas, programas e inversiones. Por eso, lo que quede —y también lo que no quede— en el Plan tendrá consecuencias concretas para millones de niños, niñas y adolescentes. Las decisiones que allí se adopten pueden traducirse en mayores oportunidades, mejores condiciones para las familias y respuestas más efectivas para garantizar sus derechos.

Y es precisamente al mirar las realidades que viven hoy los niños y niñas donde entendemos la dimensión de esta oportunidad. Por ejemplo, en Colombia, cada 10 minutos, un niño o una niña ingresa al sistema de protección porque sus derechos han sido vulnerados. Esta realidad nos recuerda la importancia de fortalecer a las familias y los entornos en los que crecen, pero también de actuar antes de que las vulneraciones ocurran. Muchas de estas situaciones pueden prevenirse cuando las familias cuentan con apoyos oportunos, redes comunitarias, servicios de cuidado y acompañamiento ante situaciones de crisis. El Plan Nacional de Desarrollo representa una oportunidad para fortalecer este enfoque preventivo, generar mejores condiciones para que las familias ejerzan su rol de cuidado y evitar separaciones innecesarias.

Cuando los derechos de un niño o una niña han sido vulnerados, necesitamos un sistema de protección capaz de articular las instituciones para que respondan de manera oportuna y efectiva. Esto implica fortalecer la prevención de las violencias, el acceso a la justicia y, de manera especial, el sistema de protección. Es decir, un sistema que ponga en el centro el derecho a crecer en familia y que, cuando un niño o una niña no pueda permanecer con la suya, garantice entornos familiares, seguros y afectivos, procurando que la separación no se prolongue más de lo necesario.

Para que estas aspiraciones se conviertan en transformaciones reales, deben estar acompañadas de recursos, responsables claros, metas medibles y mecanismos de seguimiento. Incluir a la niñez entre las prioridades nacionales es un primer paso; el siguiente es garantizar que esos compromisos lleguen a los territorios y se reflejen en la vida de los niños, niñas, adolescentes y sus familias.

La diversidad que encontramos en los territorios deben ocupar un lugar central en esta construcción. Colombia es diversa y las realidades de la niñeces son distintas en cada región. Las comunidades, las familias y las organizaciones sociales conocen las barreras, pero también las soluciones que surgen desde lo local. Escuchar estas experiencias puede enriquecer las decisiones nacionales. Y en esta conversación hay una voz imprescindible: la de los propios niños, niñas y adolescentes. Escuchar sus voces y reconocerlos como sujetos de derechos es fundamental para construir políticas que respondan a sus realidades, necesidades y aspiraciones.

El Plan Nacional de Desarrollo nos invita, entonces, a pensar en la construcción de oportunidades en los próximos cuatro años. Gobierno, Congreso, entidades territoriales, sector privado, sociedad civil, comunidades y familias tenemos distintos roles, pero compartimos una responsabilidad: contribuir a que cada niño y niña pueda crecer en familia, protegido de las violencias y con oportunidades para construir su proyecto de vida. Para lograrlo, la niñez debe tener un lugar central en la toma de decisiones para el desarrollo. Las decisiones sobre pobreza, vivienda, educación, salud, cuidado, seguridad, justicia y desarrollo territorial tienen efectos directos en sus vidas. Pensar el desarrollo del país implica preguntarnos cómo cada una de estas apuestas contribuye a mejorar las condiciones en las que crecen los niños y las niñas. El desarrollo sostenible de Colombia también se refleja en las oportunidades que construimos para que los niños y las niñas crezcan protegidos, desarrollen sus capacidades y puedan vivir su presente y construir su futuro.

 

Cuando miremos atrás, los indicadores, programas e inversiones serán importantes. Pero habrá una pregunta que resumirá buena parte de lo que hayamos logrado: ¿construimos un país con mejores condiciones para que los niños y las niñas crezcan protegidos, acompañados y con oportunidades? La respuesta a esa pregunta empieza a construirse hoy.