octubre 5 2026
Transformar realidades para cambiar vidas: el poder de la incidencia
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Las organizaciones sociales tenemos la posibilidad de transformar vidas a través del acompañamiento directo a personas, familias y comunidades.
Sin embargo, muchas de las problemáticas que encontramos se repiten una y otra vez, en distintos territorios y bajo diferentes circunstancias. Detrás de historias diferentes aparecen las mismas barreras, las mismas brechas y, muchas veces, las mismas dificultades para ejercer plenamente los derechos.
Esta realidad evidencia la necesidad de ir más allá de las respuestas individuales e impulsar cambios estructurales que permitan transformar las condiciones que generan o perpetúan estas problemáticas.
Frente a esta realidad, desde Aldeas Infantiles SOS Colombia hemos asumido el compromiso de hacer incidencia para contribuir a transformar las condiciones estructurales que afectan la vida y los derechos de los niños, niñas, adolescentes y sus familias.
A través de la incidencia buscamos ampliar el horizonte de nuestro trabajo y convertir lo que vemos, escuchamos y aprendemos en los territorios en una oportunidad para impulsar transformaciones que lleguen mucho más lejos: cambios capaces de impactar no solo a quienes acompañamos directamente, sino también a miles de niños, niñas, adolescentes y familias alrededor del país.
¿Qué es la incidencia?
Para Aldeas Infantiles SOS en Colombia, la incidencia es el conjunto de acciones que desarrollamos para influir en las decisiones, políticas públicas, normas, programas, servicios, prácticas institucionales y dinámicas sociales y culturales que afectan la vida de los niños, niñas, adolescentes y sus familias.
Buscamos contribuir en transformaciones que garanticen sus derechos, fortalezcan a las familias y los entornos protectores, prevengan separaciones innecesarias y, cuando estas se produzcan, favorezcan un reintegro familiar seguro y sostenible, siempre que responda al interés superior del niño, niña o adolescente.
Nuestra experiencia en los territorios es una de las principales fuentes que nutre este trabajo. Lo que conocemos a través del contacto directo con niños, niñas, adolescentes, jóvenes, familias y comunidades nos permite reconocer situaciones que requieren respuestas más amplias.
El reto está en lograr que esos aprendizajes no se queden únicamente en los programas y proyectos, sino que puedan convertirse en conocimiento, evidencia y propuestas capaces de contribuir a decisiones y transformaciones de mayor alcance.
Incidir con las personas y desde sus voces
Hay un principio que considero esencial: la incidencia no debería construirse únicamente por las personas, sino también con ellas y desde sus experiencias.
Quienes viven directamente una problemática pueden mostrarnos dimensiones de la realidad que difícilmente se comprenden únicamente a través de una estadística o un informe. Escuchar a niños, niñas, adolescentes, jóvenes, familias y comunidades permite entender cómo se viven las barreras en la cotidianidad, qué efectos tienen las decisiones que se toman y qué respuestas podrían responder mejor a sus necesidades.
Por eso, desde Aldeas Infantiles SOS, no nos limitamos a hablar en nombre de las personas y comunidades. Promovemos espacios y generamos condiciones para que sus propias voces sean escuchadas, reconocidas y consideradas en los escenarios donde se discuten y toman decisiones sobre los asuntos que afectan sus vidas.
Esto cobra especial importancia cuando hablamos de niños, niñas y adolescentes. Reconocerlos como sujetos de derechos implica reconocer también su derecho a participar, expresar sus opiniones y aportar a las decisiones que los afectan.
La incidencia puede convertirse, entonces, en un puente. Un puente que conecta las experiencias y voces que surgen en los territorios con el conocimiento técnico, la evidencia y los espacios de decisión.
Así, una experiencia particular puede ayudarnos a comprender una problemática colectiva y una voz que nace en una comunidad puede contribuir a impulsar transformaciones que beneficien a muchas otras personas.
De reconocer una problemática a impulsar una transformación
La incidencia no ocurre únicamente cuando nos sentamos frente a un tomador de decisión. Es un proceso que requiere diferentes acciones y capacidades.
Primero necesitamos comprender las realidades sobre las que queremos incidir. Esto implica escuchar, analizar el contexto, generar conocimiento y contar con evidencia que nos permita dimensionar una problemática y comprender sus causas y consecuencias.
El siguiente paso es transformar ese conocimiento en propuestas. No basta con señalar aquello que no funciona: necesitamos plantear alternativas, definir con claridad qué queremos cambiar e identificar quiénes tienen la capacidad o la responsabilidad de hacerlo.
A partir de allí entran en juego distintas formas de incidencia. La interlocución con autoridades y tomadores de decisión permite llevar propuestas a los escenarios donde pueden traducirse en políticas públicas, normas, presupuestos, programas o servicios.
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Y las herramientas jurídicas pueden contribuir, cuando resulta pertinente, a transformar normas, prácticas institucionales o su implementación.
En todos estos caminos, las alianzas son fundamentales. Los cambios estructurales requieren sumar capacidades, conocimientos y perspectivas. Gobierno, Congreso, entidades territoriales, sociedad civil, sector privado, comunidades, familias, academia y cooperación internacional pueden desempeñar roles distintos en una misma transformación.
Pero el proceso no termina cuando se logra una decisión. Una ley necesita implementarse. Una política pública necesita recursos. Un programa necesita capacidades para funcionar. Un compromiso necesita convertirse en acciones. Por eso, hacer incidencia también significa hacer seguimiento y mantener la atención sobre los cambios que buscamos hasta que puedan traducirse en mejores condiciones para las personas.
La incidencia también transforma a la sociedad
La incidencia tiene un alcance que va más allá de las instituciones y de las decisiones del Estado. Las leyes y las políticas públicas son fundamentales, pero no todas las barreras que afectan los derechos se resuelven exclusivamente a través de ellas.
También existen imaginarios, creencias, comportamientos y prácticas sociales y culturales que pueden normalizar determinadas formas de violencia, discriminación, exclusión o vulneración de derechos. Transformarlas también hace parte de la incidencia social.
Por eso hacemos incidencia cuando contribuimos a cambiar la manera en que una sociedad comprende una problemática; cuando ponemos en la conversación pública una realidad que permanecía invisibilizada; cuando cuestionamos prácticas que durante años se han considerado normales; cuando promovemos nuevas formas de relacionarnos con los niños y niñas; o cuando movilizamos a diferentes sectores alrededor de la protección y garantía de sus derechos.
En ese sentido, la incidencia política es una dimensión importante de nuestro trabajo, pero no la única. Podemos incidir ante el Congreso para promover un cambio normativo, ante una institución para mejorar una política o un servicio, pero también ante la sociedad para contribuir a transformar aquellas ideas y prácticas que afectan la manera en que cuidamos, protegemos y reconocemos a los niños, niñas y adolescentes como sujetos de derechos.
Transformar una realidad requiere, muchas veces, que cambien tanto las decisiones como las miradas que tenemos sobre ella.
De los territorios a las decisiones, y de las decisiones a los territorios
Nuestra experiencia también nos ha mostrado la importancia de conectar permanentemente lo local y lo nacional.
Los territorios nos permiten identificar necesidades, aprendizajes y posibles soluciones que alimentan nuestras prioridades de incidencia. Desde el nivel nacional, estos insumos pueden conectarse con debates públicos, procesos legislativos, políticas públicas y espacios de toma de decisiones, al tiempo que se generan herramientas y capacidades para fortalecer la incidencia local.
Esta relación debe ser bidireccional. No se trata únicamente de llevar las realidades territoriales al nivel nacional, sino también de lograr que las decisiones, avances y aprendizajes alcanzados a nivel nacional regresen a los territorios y contribuyan a generar mejores respuestas.
De esta manera, la incidencia conecta distintos niveles alrededor de un mismo propósito: lograr que las transformaciones estructurales respondan a las realidades de las personas y puedan materializarse allí donde sus efectos son más importantes, en su vida cotidiana.
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